Por Sebastián Linardi

En el tango actual hay una enorme producción de letras nuevas. Algunas ancladas en la tradición, pero otras lanzadas directamente hacia la creación de una nueva mirada. Algo novedoso para un género que, en algún momento, no dudó en creerse aquello de ya haber dicho todo lo que tenía para decir.

Se dice que el tango es como la vida misma. Que, cual libro sagrado, todo lo que uno debía saber para vivir, ya estaba escrito en todas sus letras (una afirmación temeraria que, en un mismo movimiento, lo trae y lo entierra). Que para qué ir a un psicólogo si ya existe el tango. Que al tango solo se lo puede entender viviendo, con la salvedad de que “vida” aquí sería el equivalente a la acumulación de cicatrices en el alma. Que por eso mismo, el tango no es para pendejos, aunque también por ese motivo, el tango “siempre te espera”. Y muchas frases más, que le achacan al tango cierta sabiduría existencial atemporal. Y ni que hablar de otras afirmaciones que le endilgan cierta conexión mística con la ciudad de Buenos Aires, olvidándose no solo de la enorme cantidad de tangos hechos en Montevideo sino también de Rosario, Córdoba, Mendoza, Bahía Blanca y tantos pueblos de ambos lados del río de la Plata. Para esta mitología, Buenos Aires y el tango, serían como las dos caras de la misma moneda, con lo cual las letras del género se verían en la obligación de retratarla de alguna manera.

Enorme y pesada mochila de tradiciones que el tango carga sobre sus espaldas, llena de un legado que, a la hora de hacerse cargo, pesa. Es que, para buena parte del sentido común, el tango ya está escrito. Peluda se la ven todos los que intentan seguir creando letras. Y desde hace mucho. Porque ese imaginario, clausura al tango en la década del 40, más allá de alguna excepción. Para él, ya habían quedado fuera de época autores reconocidos que habían cobrado notoriedad en la década del 60, como Horacio Ferrer, Hector Negro, Eladia Blázquez o Luis Alposta. Y ni que hablar de las creaciones posteriores, -más allá de algún que otro golazo metido por el inefable Cacho Castaña que logró acomodarse junto a los clásicos, como “Café la Humedad”). Para ese imaginario tanguero, en cuanto a la creación, los 60 fueron de crisis, los 70 de agonía y los 80 de muerte. El tango tenía la placa de defunción puesta.

Pero en la década del 90 comenzó un movimiento de apropiación del género por parte de las nuevas generaciones que, paulatinamente, se fue convirtiendo en una demanda por nuevas creaciones. Aunque subterránea, la maquinaria del 2×4 se ponía nuevamente en marcha.

En cuanto a las letras, algunos poetas mantuvieron el rol de letristas, continuando con la tradicional división del trabajo del género. Empezaron a sonar nuevos nombres como Ernesto Pierro, Marta Pizzo,Hugo Salerno, Bibi Albert,Nacho Wisky, Alejandro Szwarcman y Raimundo Rosales entre otros, a los que se pueden sumar autores más recientes, como José María “Tute” Loiseau y Matías Mauricio.

En cambio, al igual que Eladia Blázquez a finales de los 60 pero, en realidad, más influenciados por la tradición roquera de cantar las composiciones propias, fueron muchas las propuestas que empezaron a estrenar canciones de su autoría – en la mayoría de los casos con repertorios que alternaban con tangos clásicos-. Algunas de ellas: La Chicana, Daniel Melingo, La Biyuya, Bettinotti Fernandez, La Guardia Hereje, Ariel Prat -con su abordaje del tango, el candombe y a la murga porteña-, Dema y su Orquesta Petitera, Juan Vattuone, Diez de Centolla, Los Hermanos Butaca, Yira, Buenos Aires Negro, Hernán “Cucuza” Castiello, Rascasuelos, Marcela Bublik, Juan Penas y los Bonavenas, Ofidio Della Sopa y las Cuerdas Flojas, Aureliano Marín, Juan Carlos Cáceres, Polentaitum, Gabriela Helena, O.T. El Afronte, Claudia Levy, Lucio Arce, 34 Puñaladas, Angel Pulice – Ruth de Vicenzo, Altertango, Juan Serén, Agua Pesada, Astillero, Quiero 24, Falopa, Alfredo “Tape” Rubin y Marisa Vazquez, entre tantos.

Mi Buenos Aires podrido

La experiencia colectiva más traumática vivida por muchos de quienes hoy escriben tangos, fue la crisis del 2001, posterior a una década del 90 donde ya el desempleo y la marginalización se hacían sentir. Es a esa realidad a la que le cantaron buena parte de las letras del tango nuevo. Por eso, uno de los temas que más fuerte retoma el nuevo tango es el de la emigración. Y si en el imaginario del tango anterior, la vuelta al lugar de origen se consuma, apesadumbrada, como en “Volver” de Gardel y Le Pera o “La casita de mis viejos” de Cobián y Cadícamo (o a veces no se consuma, lo que es vivido como una tragedia ante la imposibilidad de un retorno que siempre sería para mejor, como en “Anclao en París”, también de Enrique Cadícamo), en el tango de creación reciente el que emigra muchas veces ya no sabe si podrá retornar al lugar abandonado. Al contrario, ahora el eje es la posibilidad cierta de ya no poder volver.

El grupo La Biyuya canta en “Se van” (M. Baigorria – P. Dichiera):

Se van, se van / no vuelven más / dejan este lugar / dejan esta ciudad / creyéndolo encontrar / por otra ciudad / por otro lugar / Hombres, manos / buscan tratos / huyen tantos / prueban más. // Se van / … buscando otro lugar / creyéndolo encontrar / y siguen acá / pero están allá…//”.

 

También Lucio Arce canta en “Yo soy el que se fue”:

“…Yo soy el que se fue / y cuando me avivé / se vino todo en banda …// Yo soy el que se fue y aunque lloré / yo cuido mi nostalgia…”

 

En la mayoría de estas letras, la nostalgia prevalece por sobre el regreso verdadero. Es la vuelta sangrante a través de los sentimientos; experiencia dolorosa que el personaje de “Madrid” (Astillero; Peralta), como autodefensa desesperada, trata de bloquear de forma consciente:

“Las distancias dan/ esas cartas de tristeza / si el destino le abre rutas a escapar. / Cae en un país que llovizna soledades y que oxida sin cambiar. // Se decidió a olvidar hoy / para atajar el sufrimiento y no llorar…”

 

Por esa desazón del que se fue, hay otras composiciones, escritas ya desde la mirada de quien elige quedarse, previniendo que, en realidad, ya no hay donde huir. Por ejemplo, Jorge “Alorsa” Pandelucos de La Guardia Hereje, fallecido en 2009, cantaba en “Ezeiza”:

“…Porque los que se van se mueren de nostalgia,/ ahogados en lágrimas o ahorcados a los cables de los teléfonos/ para las navidades y los cumpleaños.//Te acompañan hasta Ezeiza, arrastrando los bagayos, adónde vas?/ Con la facha reciclada, ciudadanía cambiada, adónde vas?/ Navidades extranjeras buscando en la billetera la foto que más querés / Viendo goles de argentina a las 3 de la matina por deportes CNN…//…La valija con recuerdos, no entra el patio del colegio ni el fulbete de las diez / No entra el alma de tu abuelo, la quinta y el gallinero, el horno y el almacén/…”

 

Ya en primera persona, Alejandro Bettinotti del grupo Bettinotti – Fernández, en la canción “Sudaca de cuarta” redobla audazmente el ‘no hay adonde huir´, de manera tragicómica, criticando cierta idealización del argentino que emigra a Europa:

“Acá estaba sin trabajar y un día dije / si todos se van habrá que emigrar, tal vez. / Me hice la ciudadanía española, la italiana, / la holandesa y por las dudas, la francesa también. // Lavé copas, fui mozo, estatua humana, en París, en Madrid y en Berlín. // Yo que fui para todo el exterior un sudaca de cuarta, // yo que fui para tu imaginación, el argentino ideal. / Yo que me harté de estas tierras y crucé las fronteras,/ yo que me fui para otro lugar y ví que todo era igual…//”

 

Pero, entre el modelo del tango “clásico” y la mirada de las letras nuevas, mucha agua corrió bajo el puente. No es lo mismo sufrir por no poder volver a un lugar querido, que irse por sentirse expulsado. Si se emigra, es porque ese lugar de origen ya no es entrañable ni acogedor, sino todo lo contrario. Es que otra de las novedades del nuevo tango es la mirada oscura y terrible sobre la ciudad y el barrio, lugares que, en el imaginario tanguero tradicional, siempre esperaban al que había partido, aunque sea en lo más cálido de los recuerdos. En buena parte da la nueva letrística, “mi Buenos Aires querido” transmutó al “Buenos Aires me mata”.

Por ejemplo, en “Buenosairese” (M. Baigorria), La Biyuya reclama:

“Aleja alegrías, contagia tristezas./ Desgarra la vida, en manos ajenas[…] Se vive, se llora, se vuelve y se deja[…] Este maldito Buenos Aires/ se devora la conciencia,/ se mastica a su hermano,/ por llevarse otro pedazo/ de la mísera existencia/ que lejana nos sentencia/ a que la muerte con paciencia/ nos regale otra ilusión”

 

Ya no hay aquí nada entrañable ni acogedor en la ciudad del tango. Todo en ella es feroz y lastima a sus hijos. Ya no es un malevo o la fatalidad quien daña; ahora es la mismísima Buenos Aires la que puede matarnos. Es una Buenos Aires vertiginosa, donde hace rato que el tango dejó de ser amo y señor de los consumos culturales. En la canción de La Chicana “Imposible” (A. Estol) la descripción idealizada de la ciudad se muestra en el formato de un verdadero cambalache urbano:

“Los canas, los traficantes, los bandoneones, el rocanrol. / Los fuegos artificiales y naturales premeditados. / Las rejas que tose el suelo cuando oscurece el parque goal. / Los mitos y fantasías que nos somete la autoridad / y Gieco se quedó solo en el país de la libertad”

 

O, también el mismo autor en la canción “El tango del diablo” relata:

“Yo ví nacer a esta ciudad desangelada/ de farsantes profetas de su mal/ y duermo siempre agazapado en el umbral/ del vaguito que chorea, de la tierna fabriquera/ y de los curas que me niegan al pasar//”

 

El recientemente fallecido Hugo “Peche” Estevez de Buenos Aires Negro, en su “El resentido”, descarnadamente describe al arrabal actual:

“Los pobres duran pocos años / no es como en Belgrano / que no se puede caminar / de tanto viejo que hay. // En Soldati nadie llega a anciano / si no te mata el sida / o la bala policía / te lleva la jubilación…”

 

Si, para cierto imaginario del tango tradicional, el arrabal formaba parte de los recuerdos de quien lo había abandonado, del arrabal actual solo se sale muerto.

Tango de la bronca

La descripción oscura de la ciudad también puede dejar paso a cierto tono de denuncia, más aguerrido en cuanto a la construcción de quien narra. Así, la queja Discepoleana, de tono existencialista, que impera en el imaginario del tango tradicional, se redirige hacia los responsables del estado de situación que se denuncia. El tono de queja muta a la increpación directa, como lo hacen Bettinotti – Fernandez en su tango “Tramoyero viejo” (A. Bettinotti) dedicado a cierto ministro de economía noventista que, en lenguaje coloquial y directo reclama:

“…Podrido yo ya estoy, de tanta falsedad / andá que te creés, que me vas a engrampar, / no vés que estoy curado, me dejaste sin un mango/ no vés que ya no hay más que afanar. // Y cuando vuelvas de nuevo para la Argentina / el pueblo entero seguro te va a putear.// … No sé que te pensás, con tanta inmunidad, / no sé que te creés, con tanta impunidad, / y ahora te asegurás que afuera te resguarden,/ nunca te preguntaste, ¿cuánto te va a durar?.”

 

La corrupción es abordada en tono de ironía por Lucio Arce en “Escándalo en el Ministerio”:

“Llegaron del extranjero destacados empresarios / traían mucho dinero para una gran inversión / tuvieron una reunión con un alto funcionario / que quería ser millonario y les pidió una comisión. // Invitó a todos los gringos , a un gran asado argentino / anchos bifes, mucho vino , un domingo a pleno sol / y a la hora de los postres, trajeron una gran torta / y para hacértela corta, él quería su porción.”

 

El mismo cantautor también aborda ese tema en “El hijo del diputado”, retomando la vieja crítica tanguera al “niño bien”, pero llevándola ahora hacia la clase política:

“…De dónde saca la guita/ el hijo del diputado / siempre está bien empilchado / luce pinta de bacán/ y comentan las revistas/ cosas que no entiendo cómo/ que le da bife de lomo/ a su pastor alemán./ Desfila cual pavo real/ por los boliches de moda/ siempre prendido en la joda/ con amigos de ocasión/ y me batieron de posta/ que en esas noches de farra/ en dos horas despilfarra/ todo el sueldo de un peón.// Que hijo de.. que hijo de…/ ¡Que hijo de diputado!”

 

Abordar la realidad política, algo mas solapado en los tangos “clásicos”, es ahora una mirada totalmente legitimada.

Por eso también aparece en las letras del nuevo tango el tema de los desaparecidos por la última dictadura militar argentina, en una nueva manera de abordar el pasado que, de este modo, ya no se presenta como una época entrañable e idílica, sino todo lo contrario, lo que es una fuerte diferencia respecto al imaginario tanguero más tradicional. Alejandro Szwarcman refirió a este tema en su “Pompeya no olvida”, ganadora del Festival SADAIC de la canción 1998:

Yo era esa sombra mirando la tarde/ y a veces me da por pensar que en Abril/ pasó por Pompeya un fantasma cobarde/ llevándose pibas “carita de anís”// Pompeya no olvida, que allá en Famatina/ vivía una piba carita de anís,/ amor de rayuela, perfume de esquina/ hoy la andan buscando, también era abril.// Quién sabe, tal vez ella siga soñando,/ y ya no recuerde la calle Cachí,/ al menos que sepa que la anda buscando/ desde hace ya tanto, su abuela Beatriz.”

 

Marisa Vázquez también aborda aquél período en su homenaje a las Madres de Plaza de Mayo de “Por algo será”:

Primero pensó algo le habrá pasado,/ de angustia salió a denunciar y a buscar,/ pasaban los días y nadie sabía/ ella se dormía de tanto llorar// Su mundo inocente de barrio y cocina/ viró de repente a una cruel realidad/ de botas siniestras y aquellas vecinas/ murmurando esquivas por algo será//. Después se dio cuenta, no estaba tan sola,/ había otras locas buscando también,/ y juntan las manos pa´ darse coraje,/ yiraron la plaza detrás de un por qué// … y ahí están mis reales heroínas,/ uniformes de fotos y pañuelos,/ un dolor que nunca se termina,/ madres, abuelas, mujeres nada más”

 

Lucio Arce en “Perfil bajo” retoma con acento lunfardo un tema no muy abordado, ni por las canciones de cualquier género que abordan aquel período ni tampoco por los medios de comunicación; el de la llamada “pata civil” de la dictadura:

“Allá por los 70 moviendo unos papeles,/ para unos coroneles, fuiste recomendao,/ de a poquito fue que te hiciste rico,/ seguís viendo a los milicos, te hiciste acaudalao,// Como hormiga, guardaste para el invierno,/ cuando cambió el gobierno, caiste de parao,/ tus patrones marcharon todos presos,/ y vos saliste ileso, dando un paso a un costao.// Perfil bajo, aura vos te quedas piola,/ tranquilito no hagan olas,/ sos experto en disimulo…//… Sos reliquia de una dictadura,/ residuos que perduran,/ tallando tu pasao.”

 

De los guapos a los desangelados

Al igual que en los tangos de la década del 20 y del 30, el abordaje a la vida de personajes marginales vuelve a tener en la nueva producción tanguera una presencia notable (aunque con fuertes variaciones de época). Si antes la vida marginal, en cuanto al hombre, se centraba en los valores del machismo y del coraje, hoy se introduce cierta mirada más social y hasta política. Pero más allá de las diferencias, el denominador común de ambas épocas es, sin duda, el estar insertas en un momento histórico de fuerte exclusión de los sectores populares.

Hay varias composiciones que, de una manera entre satírica e idealizada, retoman al viejo personaje de “el guapo” del primer tango canción, que aparecía en verdaderos clásicos como “El ciruja” (La Cruz – Marino). Un personaje en el que encarnaba una forma de lo masculino muy machista, relacionada con el valor y la hidalguía en la pelea. Entre las nuevas composiciones, hay algunas más aferradas a ese modelo. Daniel Melingo, más allá de poseer una mirada sarcástica, lo retoma sin demasiadas variaciones en “José ´el cuchiyero´”:

“Tenés la cara marcada/ por andar en entreveros./ Te peleaste a cuchillazos,/ con machos de mucho vuelo./… Malevaje a la orden del día, siempre tomando una grapa./ Pero te tocó un mal día/ y te la dieron por la espalda.//”

 

o, del mismo autor, en “Guapos”:

“Guapos eran los de ayer, son los de ahora, guapos siempre va a haber, mientras haya una mujer”

 

El coraje es aquí una herramienta de afirmación de género, ante los pares y ante las mujeres. Coraje y heterosexualidad como las dos caras de una misma moneda. En cambio, ya en un tono descriptivo, Ariel Prat en “Vida de turro” aborda a un personaje callejero del presente, ya alejándose del estereotipo del guapo del 900:

“Nunca se sabrá el momento/ en que el turro/ vuelva a desaparecer./ Y un día, al final del corso/nos dirá “muchachos, hasta acá llegué”// Por un escracho en el pecho/ cierra su camisa atento a la ley./ Lleva el nombre de esa turra/ y en un antebrazo “Madre y River Plate””

 

Che Chino en “El Conejo Karateca” (Hernán “Cabra” de Vega), retoma en clave de humor la épica del guapo, narrando la historia de un campeón de karate que, luego de una pelea, queda irremediablemente lesionado, lo que lo lleva a dedicarse a la bebida para terminar, finalmente, como luchador de Catch encarnando al patético personaje de “El Conejo Karateca”.

En cambio, otras composiciones van introduciendo una mirada más social, a veces abiertamente política. Desde esta mirada, entre social, comprensiva y descarnada, Hugo “Peche” Estevez de Buenos Aires Negro cantaba en “Asesino”:

“Te veo como el cielo/ más claro que a un juez/entre tu vergüenza escondés/ un arma que mata.//… Y entre los escombros de tu vida/ tu mirada torbellina/ hambrienta, desesperada, confundida//… Se llenan los supermercados de acomodados/ se cerraron las puertas del país/ entró solo tu furia / vos te quedaste afuera.”

 

Bettinotti – Fernandez en “Fierro ardiente” (A Bettinotti), alejándose de lo descriptivo para centrarse en un formato más melodramático – no tan común en las letras nuevas aunque si en las del primer tango canción- narra:

“…El solo intenta llevar a su casa/ lo necesario, para calmar tantas panzas./ No se da cuenta y pierde certeza / tiene a la yuta detrás de su nuca/ sabe y sospecha que ya está jugado/ siente y escucha demasiados disparos// Son siete tiros / y el ya siente frío/ es tanta sangre llorando y manchando / él se pregunta, casi agonizando/ ¿quién llenará esta noche los platos?”

No es sólo alcohol, pero me gusta

Dice el vox pópuli que, en el pasado, el tango y la cocaína, tuvieron mucho que ver. Pero esa leyenda se vincula más a anécdotas y suposiciones que a menciones explícitas en las letras. Está la letra de “Los dopados” (Weisbach-Doblas) cuando era la letra de la melodía de Carlos Cobián que, censura mediante, finalmente se iba a convertir en la melodía de “Los mareados” (E. Cadícamo) o “Siga cochero” (E. Cadícamo). O el caso de “Packard” (C. de la Púa), que retrata a una adicta a la morfina de 1928. En cambio, las menciones al alcohol en las letras del viejo tango son innumerables, formando parte de lo esperable del género, (y aceptable por parte de las autoridades de entonces, tal como lo indica la historia de “Los mareados”).

Sin embargo, en el tango actual los guiños, sino la mención explícita a las drogas, cuentan con una llamativa cantidad de casos en comparación a los modelos del tango anterior. Y muchas veces, desde la construcción del narrador en primera persona, lo cual habla de un imaginario del nuevo tango del que ellas forman parte. La marihuana es referida en la historia de la canción “Pituca suerte” (S. Fernandez) de La Quimera del Tango:

“…pelé una linda pituca/ pa´saborear gustoso.// A encender la maravilla / que nos brinda/ Pachamama!/ en el bolso yo llevaba/ solo una humilde cerilla/ y, sin nadie de campana,/ fue tan grande el fogonazo/ que me iluminó hasta el naso/ mientras que sin aspamentos/ en el preciso momento/ se me arrimaba la cana.//”

 

Curiosamente, otros grupos de tango, a la hora de abordar a la marihuana, optan por hacerlo al ritmo del chamamé, retomando el guiño que en su momento hizo Divididos en su canción “Jamelosapoai “ del disco “Acariciando lo áspero” (1991), como lo hace Daniel Melingo en su “Las flores del Paraguay” o el grupo Falopa en el tema “Consuelito” (P. Marchetti).

En cambio la cocaína cuenta con muchas más menciones y, cuando ocurre, el ritmo de tango predomina. Tal vez sea el mito de su relación con el tango el que habilite al animarse a mantener el ritmo de 2×4 en su abordaje. Así lo hace Fernando Bitter en su canción “La milonga” y también lo hace Pablo Banchero en “La pincheta”. El grupo Agua Pesada en el crudo “Pinche Caín” (P. Ciliberto) relataba de una forma más críptica:

“… y una ilusión tan guardada/ que ya empieza a oler mal/ te enviciaron por lo eterno/ de este blanco fracaso y vas/ por un túnel de viento/ sin ver el final./ Con esa mala costumbre sacar, /de las pajitas, más cortas/ perdés jugando entre tipos/ que no suelen ganar/ rajándole discreto /al mareo de tu sufrimiento/ vomitás por los baños/ tu sueño/ y después te sentís/ demoníaco- Caín// Hay lugares donde nunca/ tenés que ir… //”

 

Daniel Melingo en “Noche transfigurada” describe una noche con cocaína, retomando la épica del guapo, añadiéndole un tinte tragicómico:

“… y al salir para la calle/ me encontré con cierto gil,/ que justo me vino a pedir/ a mí que estaba tan duro./ Para colmo me asaltó,/ y me rompió la naríz. Así termina la historia, de una noche trastocada./…”

En el mismo tenor, el mismo autor cuenta en “Narigón”:

“Por los pagos de mi barrio/ había un tipo que se las daba de guapo,/ pero su mente estaba revirada./ Le decían el narigón, por lo mucho que aspiraba. Salía de noche, volvía de día./ No tenía paz ese muchacho./ Pero todos le decían… ´Vas a tener que parar´…//”

 

Dema y su Orquesta Petitera en “Quedé manija” (S. Dematei – E. Lobo) le reclama:

“Me separaste de mis buenos amigos/ mi relación con vos no la entendían/ mirá que a mí me sobran las minas/ pero a vos no te puedo dejar.// Me volvés loco el día y la noche/ me tenés hecho una porquería/ cuando no estás en esa maldita esquina/ siento que me muero por vos.// Y otra vez con la mirada fija/ Otra vez quedé manija.//”

 

En cambio en el abordaje al paco ya no hay guiños cómplices. Los efectos inmediatamente destructivos de esta droga hacen imposible la irrupción, siquiera momentánea, de algún atisbo de complicidad. El abordaje en ese caso se da a partir de una mirada testimonial y de denuncia, desde afuera de quien utiliza esa droga y su mundo. Así, Marta Pizzo cuenta en “Son de Paco”:

“Con un tetra en la mano te encontró mi mirada;/ en la otra, abrazada, la luciérnaga gris/ que te oxida las venas con su atroz cachetada/ y le fuma las penas a tu vida infeliz.//… Cómo es que no me atrevo a entrar en tu agonía,/ a jugarme el pellejo por el pibe que fui;/ a enfrentar la mentira insaciable y arpía,/ si tu historia y la mía se cruzaron así./ Son de paco tus horas, singular mercancía/ de piratas eternos que no tienen perdón;/ no me alcanza el sollozo, es de olvido la noche/ y esta fábula loca que no puedo impedir.//…”

 

Raimundo Rosales en “La libertad y la tumba” también refiere al problema del paco manteniendo el tono de denuncia social:

“Con un pie en la libertad y otro en la tumba/ y los dedos como hebras de tabaco,/ sin más dioses que las luces del abismo/ va rezándole a los ángeles del paco.// Ventanita del infierno, dame algo/ que me alivie tanta mierda del pasado,/que me clave un poco de aire, aunque me muera,/ si total… yo ya hace rato estoy juga-do.//…Estoy jugado, sí,/ estoy jugado/ y nunca más seré el costado/ de aquel país imaginado./ Nunca más seré país,/ nunca más, país…, país imaginado.//…La ciudad se lo devora de un bocado/ en un grito amordazado que retumba/ y agoniza como un hueso abandonado/ con un pie en la libertad y otro en la tumba.//”

 

En cambio en “Paco a paco” (J.Tcherkaski – Garello), interpretado por la Orquesta de Raul Garello, se mixtura la denuncia social con la narración en primera persona, en un lamento desgarrado que, además de retomar ciertas palabras muy utilizadas en la poesía tanguera tradicional, cita explícitamente a “Malevaje” de E. Discépolo:

“Buenos Aires, suicidáme, dame un paco/ che fumáme la sesera que es barato/ paco a paco paso el trapo por monedas/ y me duermo en el zaguán o en la vereda.//… No sé si tengo edad… para saber/ cómo se hace para ser distinto/ si crecí buscando en la basura//. El humo me hace ver… todo al revés / me voltea, revolea y me marea/ y al volar por el cielo de mis ojos/ veo un mago y dos navajas a la vez… ´Decí por Dios que me has dao/ que estoy tan cambiao/ No sé más quién soy´.// El paco me pudrió las venas/ y la puta pena de morirme hoy/ el paco pudrió las venas/ y la puta pena de morirme hoy.//”.

 

Curiosamente el alcohol, aunque por supuesto aparece, no lo hace con tanta asiduidad como en el tango del pasado. A veces abordado como vivencia personal, pero también en situaciones de borrachera o melancolía que les suceden a otros. Y aunque se mantiene el emparentamiento de la borrachera con la tristeza, en el nuevo tango el beber para recordar es mucho más común que el beber para olvidar del “Tomo y obligo”. Daniel Melingo en “Llovizna” dice:

“…La copa de aguardiente lo emborracha bien/ y en la noche sin fondo de su vaso/ ve siempre reflejada una muchacha/ que quisiera borrarla de un balazo.// Ella se burla riendo en el reencuentro/ él, borracho, la mira dulcemente/ llena otra copa más con ella adentro/ y se bebe la imagen lentamente”

 

Los Hermanos Butaca en “Cerveza ir viendo” (G. Dominicé – C. Senin) relatan descarnadamente el encuentro de alcohol y los recuerdos:

“Partes de mí que no se van a juntar más,/ yo conocí una vez al amor y lo perdí./ Dorado horizonte que liquido/ ahora soy mi cicatriz.// Purgo pecados,/ los litros me han tomado/ pienso en sus ojos/ dos moscas muertas vuelan sobre mí.//…”

 

O Alejandro Bettinotti en “Por cosas del amor” se confiesa:

”…No siempre tengo ganas de volver a empezar,/ no siempre me interesa tratar de olvidar,/y a veces el alcohol…/ayuda por un rato a aliviar el garrón/ a veces es la pena que arranca a galopar,/ de prisa sobre rastros que marcan mi pesar,/ a veces es el pucho que apago otra vez mas,/ por cosas del amor.//”.

 

Estos son solo algunos de los temas abordados por el nuevo tango, donde se encuentran varias marcas de época. Y hay más. Sin embargo, la mochila del repertorio “clásico”, con sus imaginarios, continúa condicionando a la producción actual. De hecho, el que se la siga adjetivando y agrupando como “nueva”, habla de esta presencia. Legado del pasado que inevitablemente produce un abanico de reacciones: la apología simple, el diálogo crítico o la pelea abierta. De todos modos, el adjetivo “nuevo” también habla de la irrupción de la novedad: nuevos temas y miradas que comienzan a poblar un género que, en un pasado reciente, parecía no tener nada que aportar, más allá de la mera conservación de lo ya hecho. Pero queda pendiente el arraigo de este nuevo repertorio en un público significativo y estable. Por algún motivo, el imaginario de un tango ya realizado continúa extendido. La nostalgia y la añoranza prevalecen a la hora de consumir tangos, en un contrato de escucha donde el tango funciona como puente hacia los recuerdos personales, familiares, regionales y hasta nacionales, ubicando de este modo a la subjetividad en cierto hilván de lo histórico.

No es poca cosa para una época definida como “posmoderna”, donde el presente continuo y la fragmentación del individuo, en buena medida forman parte del sentido común. Por ello, se puede pensar en un consumo “resistente”, contrapuesto a esa sensibilidad de época, más anclada en lo inmediato. Queda entonces pendiente la apertura del público hacia las nuevas composiciones, lo que implica aceptación del movimiento creativo y su consiguiente proyección al futuro. Algo no menor para un género de fuerte significación identitaria local. Los artistas del tango, lanzados a la creación ya lo hicieron, construyendo una mirada propia. Falta que un público significativo y estable se la apropie. Sin dudas, si ello ocurre, será indicio de un cambio importante en el imaginario social, digno de tomar nota.

© Sebastián Linardi y Tinta Roja revista de tango. Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin previa autorización del autor.

Publicado en Tinta Roja número 2, noviembre 2011.

 

1 Comentario

  1. Video original del estreno mundial del tema con letra de Jorge Padula Perkins y música de Rodrigo Stottuth, “Añoranza de amor en tango”, por la cantante venezolana Mabel Idrogo, sobre pista en piano del propio compositor

    https://youtu.be/RbWo-NeRtV4

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