Por Hernán Lakner
Fotos: Marcos Zimmermann.

De fondo, un patio agreste, en blanco y negro; en el centro de la escena, y de cuerpo entero, un caballero y una dama vestidos al estilo sureño estadounidense que nos miran, en colores. Estos personajes, además, parecen colorear lo que tocan: violeta es la vieja frazada que cuelga a sus espaldas; verdes, las hojas silvestres al pie de la foto; blanca, la gallina que ella acuna en brazos. Como si lo importante aquí fueran los personajes, y lo que entra en contacto con ellos. Y nosotros, interpelados por sus miradas (tal vez también coloreados), comenzamos a formar parte de este viaje. Se trata de la portada del sexto álbum de La Chicana, Antihéroes y tumbas. El personaje de la dama será interpretado por Dolores “Lola” Solá, la singular e inmejorable voz del grupo. Su compañero estará encarnado por Acho Estol, responsable de casi todo el resto de la labor chicanera: composición y letra, ejecución de instrumentos varios con base en guitarra, coros, dirección, arreglos, diseño, producción. Los personajes volverán a aparecer a lo largo del álbum interior bajo la lente de Marcos Zimmermann. Fotos en blanco y negro, el escenario rural, retratos dobles de la dama y el caballero, duplicaciones, citas y parodias del cuadro “Gótico Americano” de Grant Wood, son el prólogo gráfico a esta aventura tanguera, gótica y surera.

Desde su primer disco, Ayer hoy era mañana (1996), La Chicana apuesta por un tango libre, universal, rebelde. Siguen el rumbo marcado por Carlos Gardel, quien no reparaba en los géneros a interpretar; podía trajearse para los tangos o ponerse el poncho para las chacareras, y aun animarse, sin despeinarse, a ritmos foráneos como el fado o los foxtrots. La opción por el eclecticismo es una de las constantes de este grupo que sorprende en cada disco, por su ya clásico sonido “chicanero” algo rockero, por la calidad de las letras y las composiciones de Estol, el rescate de tangos olvidados, la exploración de un lenguaje tanguero propio y la actualización de temas que abordan tanto problemáticas sociales como poéticas. En Antihéroes y tumbas, además, sorprenden con la elección de la estética gótica para anti retratar el tango.

El disco se presenta con un subtítulo: “Historias del gótico surero”. El gótico es una forma del arte originada en Europa pero que posteriormente tuvo desarrollo en otros lugares del mundo. En Estados Unidos, fue Edgar Allan Poe quien introdujo el gótico literario que luego sería recuperado por el llamado “gótico sureño” de William Faulkner, Flannery O´Connory otros. También se ha intentado la invención de un gótico argentino, cuyo mayor exponente es la novela Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato, que algunos consideraron “la gran novela gótica argentina”, y cuya referencia está negada a gritos en el título del disco. La Chicana propone y recrea un “gótico surero” que se diferencia, en principio, del “gótico sureño” de Estados Unidos (un gótico del Norte), pero que recupera algunas de sus características para contar el tango a su modo, desde un lugar original y personal. La elección del adjetivo “surero”, por su parte, es acertada ya que existe toda una tradición musical e incluso poética que la retoma (lo “surero” para identificar la cultura proveniente del sur de la provincia de Buenos Aires).

Gótico Americano, Grant Wood, 1930.

Así y todo, no es la primera vez que La Chicana se deja seducir por el gótico. Ya en Tango agazapado (2004) y luego en Revolución o picnic (2011) versionan, respectivamente, los poemas “Frankenstein” y “Del diario de Viktor Frankenstein” de Luis Alposta. Como se sabe, la novela Frankenstein de Mary Shelley es uno de los textos clave del gótico literario. Pero la novedad de este último disco es que la banda parece encontrar en el gótico el modo expresivo ideal para el tango que vienen contando desde hace años: el tango introspectivo, densamente poético, marginal, onírico, rebelde, el que se resiste a los rótulos y a las bateas.

En las historias de Antihéroes y tumbas encontramos dobles, espejos, sueños, lugares de encierro exteriores e interiores, vino y otros alcoholes, sustancias, y la muerte siempre acechante. Pero más allá de los tópicos del gótico, el disco explora de un modo poético cierta antropología social marginal para desentrañar la otra cara de la historia urbana del “Orden y el Progreso”. Encontraremos en este itinerario personajes erráticos, enfermizos o descentrados. En fin, los antihéroes que dan nombre al disco: ladrones y homeless como “Rosita”, delincuentes y fronterizos mentales como “Beto Asperger”, explotados crónicos como el campesino de “El barzón”, o seres olvidados del tiempo como en “La uva”, un tango –dicho sea de paso– que ya exhala aroma a “clásico chicanero”.

La Chicana es un grupo de extensa trayectoria independiente y de clara conciencia de su propio lugar en la sociedad, y por eso, los artistas en el disco también pertenecen al grupo de los antihéroes y marginales: en el tango “Bailarina rota” los artistas “alados” (un cantante y una bailarina) sufren heridas y amenazas constantes del resto de “los terrestres que le apuntan / a uno que vuela tranquilo / o lo bajan de un tiro”. Artista también es “Beto Asperger”, que se hace cantor después de “descender a los infiernos” para contar “su vida martinférrea de irónico sabor / de vinos y de sangre, fantasmas y traición”. La Chicana asume una labor de justicia poética y dedica un disco a los marginados, otorgándoles la centralidad que les falta en la realidad y en los distintos discursos sociales que los estudian pero no los comprenden.

También las tumbas del título del disco anuncian o presagian la muerte como en el nostálgico instrumental homenaje a Faulkner, “Mientras yo agonizo”, en el que Acho se graba por primera vez en el fuelle. O en “Lili Marlene”, versión valseada de una canción berlinesa donde un soldado de la Segunda Guerra Mundial añora y sueña con “alegría” –cita musical de Beethoven incluida– reencontrarse con su novia. Por otro lado, las “tumbas” son también las cárceles, las versiones modernas del castillo gótico, donde van a parar Beto Asperger y el personaje de “Buscado”.

La recreación de un gótico surero no sólo es trabajado en Antihéroes y tumbas desde sus tópicos, sino también en su dimensión formal: las canciones forman parejas o se duplican. La onírica canción “Día y noche” es el “doble” del tango “Bailarina rota”. A su vez, en este último -de notable belleza- los primeros compases son los de la escena “El cisne negro” de El lago de los cisnes de Tchaikovsky. Temas y formas, en juego intertextual, refuerzan el tratamiento del doble en la historia de una bailarina clásica lesionada que cambia la danza por el canto para acompañar al cantante que la salvó, pero quien también revisará su vocación. El vals “Buscado” es la otra cara de la cumbia “Beto Asperger”. Ambos narran la entrada y la salida de la cárcel de sendos protagonistas, pero son su contracara, ya que el primero se pierde a sí mismo, atormentado por pesadillas y una muerte pronta, mientras que Beto encuentra en el canto la extirpación de sus males. La versión folclórica de “El tesoro de los inocentes” del Indio Solari es la versión rockera y moderna de la canción de protesta mexicana de “El barzón” cuyo contexto es la Revolución mexicana. “El tesoro” propone como solución “abrir los ojos” de los inocentes –como el campesino– y al mismo tiempo su discurso está en clara sintonía con la voz de la mujer del protagonista de “El barzón”.

Antihéroes y tumbas es, por todo lo dicho, un disco conceptual que retoma, por un lado, lo ensayado por Estol solista en el disco Buenosaurios, cuyo fondo era la ciudad de Buenos Aires, y las historias de tangueros, el motivo principal. También –como en otros discos de La Chicana– se presenta la alternativa entre la revolución y el pic-nic. Ante las injusticias sociales, se barajan, por un lado, las salidas violentas o revolucionarias (“El tesoro…”, “El barzón”) y, por otro, las salidas por la palabra como en “Batallas” o por el hedonismo en “La cerveza del pescador Schiltigheim” (R. González Tuñón-“Tata” Cedrón). Mantener la alternativa es el modo chicanero de reflexionar, de no cerrar el juego y dar lugar a la opción personal.

El peculiar viaje por el gótico surero que propone el disco Antihéroes y tumbas contiene dieciséis paradas: diez composiciones de Estol y seis versiones de otros autores. Además de los mencionados, entre los covers sobresalen el hermoso y sutil tango gardeliano “Cabecita negra” (Bardi-Supparo) y “Danza rusa”, un festivo instrumental de aires balcánicos perteneciente a Tom Waits, al que consideran un tanguero equívocamente californiano. Entre los temas de Estol se destaca la potente chacarera, llamada paradójicamente “Europa”, que ajusta cuentas con la mirada al viejo continente que históricamente ha tenido la ciudad porteña. El chamamé “Me fui”, que despide el disco y clausura el viaje, narra la historia de un provinciano engullido por la ciudad, y representa bastante claramente cómo se vive la tensión entre el campo y la ciudad. Pero, en definitiva, la canción parece concluir (en las ideas y en el viaje) que no es posible concebir un elemento sin el otro, como no es posible separar las caras de una moneda: “la nostalgia me la salto / porque cuando están vacías / parecen las avenidas / una pampa del asfalto”.

En definitiva, Antihéroes y tumbas es un disco intenso, sarcástico, sobrepoblado de historias y sentidos a dilucidar, para escuchar varias veces y re descubrir en cada escucha, como es ley en las grandes obras de arte. Es un disco dedicado al lado oscuro del tango, que La Chicana ya viene trabajando hace años. Falta ver todavía si la elección estética del gótico fue concebida para un sólo disco o, por el contrario, abrirá un camino para la concepción de los próximos, siempre tan deseados.

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