Edgardo Fernández Sesma es bailarín de tango y también enseña a bailarlo. Pero lo que más distingue su labor es su intenso trabajo como activista. Edgardo milita causas como “Un tango contra la homofobia”, visibiliza las dificultades y los prejuicios que enfrentan las personas con diversidad funcional, o las problemáticas de abandono que sufren los adultos mayores. Oriundo de Aguilares, provincia de Tucumán y establecido en Buenos Aires hace muchos años, organiza espacios de milongas, encuentros, manifestaciones con Flashmobs, y muchas cosas más, por las que su agenda está completísima. Siempre lo veremos hacer todo esto mientras nos ofrece una sonrisa afectuosa, un gesto amistoso.
Por Vanina Steiner
VS: Edgardo, sé que hacés un montón de cosas y me pregunto ¿por dónde empezar? Desde tu militancia con la campaña “Un tango contra la homofobia” hasta todo el trabajo que hacés con personas con diversidad funcional. O acompañando a adultos mayores, no conozco a nadie más dentro del tango que esté haciendo algo en esa dirección. Qué trabajo tan maravilloso. Te pido que nos cuentes sobre tu recorrido, ¿cómo empezaste con todo esto?
EFS: Bueno, a ver, te sintetizo el principio. Yo empecé a tomar clases de tango hace unos 24 años más o menos. Nunca pensé en dedicarme al tango, pero, muchos años después, me quedo sin trabajo. Ahí me dediqué durante casi dos años a vender fotografías, a hacer paseos en bici y también a dar clases de tango. Me sale un nuevo trabajo, me olvido de eso y vuelvo, como siempre, al área contable de una empresa. Años después, de esto hace 15 años, me quedo nuevamente sin ese trabajo, y ahí me ofrecen dar clases de tango en SIGLA, que es una entidad de bien público que fundamos hace casi 32 años, y que lucha contra la discriminación y por la integración.
Entonces decidí encarar este espacio de tango con cuestiones que tenían que ver no solo con las clases de tango, sino con la militancia que yo venía haciendo en otras actividades desde hacía muchos años, fuera del tango. Y al poquito tiempo me ofrecen dar clases en otro lugar, y luego en otro lugar… Y me ofrecen dar clases en la Escuela de Arte del Ecunhi, en la ex ESMA, que era un lugar que reunía a personas mayores, generalmente de condiciones socioeconómicas vulnerables, que venían desde diversas ciudades del conurbano, y también de algunos barrios de la capital.
El PAMI las recogía en su lugar y las llevaba allí en ómnibus. Las traían desde los hogares también. Ahí había montones de talleres y la gente elegía lo que quería hacer. Entonces me propusieron a mí retomar el taller de tango que había cerrado un año antes por falta de gente interesada. Empecé con este taller, con mucho temor porque yo no tenía ninguna experiencia con personas mayores. Empezamos unas diez, doce personas, y al mes y medio más o menos ya éramos más de ciento veinte personas. Y así fue hasta el final.
Me encontré con que no era solamente un taller para personas mayores que venían a distraerse durante toda una tarde, porque duraba varias horas e incluía merienda, sino que empezaron a aparecer personas con otro tipo de temáticas y de problemáticas de las que yo no tenía la menor idea. Así aparecían en el taller chicas con síndrome de Down, personas que iban con andadores, con muletas, con bastones, varias personas que tenían Parkinson, tres personas no videntes. Era una diversidad de situaciones para las que yo no estaba preparado ni nadie me había dicho que iban a ocurrir.

Se trataba de un lugar muy libre, que la gente podía elegir para ir, pero no tenían personal capacitado para atender cada situación. Entonces me vi en la obligación de leer, aprender, preguntar sobre cada persona, y lo que le pasaba. No para que aprendan estrictamente a bailar tango, sino para tratar de que durante todas esas horas la pasen bien, no se sientan dejadas de lado, ni relegadas, ni discriminadas. Entonces así me vi obligado a hacer ese aprendizaje que yo no pedí ni busqué.
Es más, una semana antes de empezar con el taller le dije a Lucrecia Merico, que era la directora de la parte de música y es quien me había convocado, que prefería bajarme porque me daba mucho temor. Yo tenía solo alumnos jóvenes, nunca había trabajado con personas mayores. Ella me conocía desde hacía bastantes años, por mi trabajo con la fotografía. Mirá cómo se enganchan las cosas, porque ella cantó en un par de exposiciones de fotografías que yo había hecho en Palermo. Lucrecia me dijo: “yo estoy segurísima de que te va a ir bien, que vas a poder y vas a saber hacer de todo”.
Le respondí que lo mío es pura intuición. No hice ningún curso ni me preparé para atender o tratar a personas mayores. Y sabés, Vanina, que cuando estuve ahí, además de todas las situaciones de las que te conté, me di cuenta que con respecto a las personas mayores, de lo que menos me tenía que ocupar era de enseñarles a bailar tango.
Había una psicóloga en el lugar, que hablaba con las personas que iban. Ella me dijo algo, mucho tiempo después, que quizá si me lo hubiesen dicho al principio, no sé, hubiese sido distinto. Ella me habló sobre el hecho de que yo me involucraba afectivamente con las personas. Que eso en principio era maravilloso y eso hacía que sigan viniendo y que se sume gente, pero, que podía traer consecuencias para mí y para ellas a mediano o largo plazo, cuando no me pueda ocupar de seguir con esto.
Ya era tarde igual en ese momento, ¿no? Yo creo que después intenté hacer una autocrítica, cuando me di cuenta cómo me manejaba en todos los lugares. Me di cuenta de que en realidad no era algo que yo me proponía, sino que me salía naturalmente. Entonces tendría que haber modificado mi manera de ser para tratar de otra manera a la gente y creo que eso no lo puedo hacer. Entonces me olvidé del tema e hice lo que pude a lo largo del tiempo, con mi manera de relacionarme.
VS: ¿El temor era porque venían demasiadas personas? No ibas a poder tener ese contacto cálido con tanta gente ya por una cuestión de tiempo, y de energía.
EFS: Lo que pasa es que además hasta el día de hoy el contacto no se limita a lo que vos ves, que hacemos reuniones, fiestas, sino que hay otras situaciones más. Yo mañana tengo que ir a visitar a una señora a un geriátrico, el jueves voy a visitar a otra que está enferma. Son situaciones que me ocupan mucho tiempo que ya muchas veces no tengo.
VS: Pero lo hacés porque te gusta acompañar a estas personas.
EFS: Es que lo hago porque vienen de una relación conmigo que es afectiva desde hace años. Sinceramente no lo siento como un deber o como una carga. Lo único que me carga es que no me alcance el tiempo. Ni siquiera siento que es un gran esfuerzo el que hago, aunque a veces estoy muy cansado. Pero como me sale así, pienso que quizás es para esto para lo que estoy acá, ¿no?

VS: Hace muchos años que estás haciendo este trabajo. ¿Fuiste desarrollando esto de manera autodidacta entonces, y en las distintas temáticas?
EFS: Sí, porque en esos talleres yo traté de leer, de aprender, sobre personas con síndrome de Down, con deficiencias, personas mayores con dificultades de comunicación, con dificultades de movimiento. Y en un momento fue por esto por lo que creció el taller. Los demás talleres de la escuela no tenían ninguno estas problemáticas que yo manejaba. Esos talleres tenían diez o doce personas y se ocupaban de lo que tenían que hacer. Era todo muy ordenado. En cambio el taller mío era anárquico. Y es una de las críticas que me hacían los otros docentes. Me di cuenta que la mayor parte de las personas llegaban con una necesidad afectiva y con la necesidad de irse contentas. Entonces decidí invertir una cantidad de tiempo cada día en saludar, besar, abrazar y preguntarle cómo estaban a cada una de las más de cien personas.
También decidí cambiar la modalidad del taller y después de la merienda no había más tango. Había cumbia, cuarteto y todo es diversión. Así la gente se iba bien para arriba y el taller terminaba de una manera bien divertida. Eso hizo que se llene de gente y eso ayudó también a que toda la gente que no podía bailar o integrarse en la clase de tango se integraba en las otras danzas. Todos. Como estuviesen. Con bastones, con andadores, como sea.

VS: ¡Tenías desafíos muy diversos en ese taller!
EFS: Sí, recuerdo las situaciones en las que tuve que hacer aprendizajes especiales.
Por ejemplo, un día estaba enseñando cómo hacer un “sanguchito” que es una figura de tango muy conocida y un señor me grita muy enojado: “¡Profesor! ¿Y para mí cuándo va a enseñar?”. Ahí reconocí que era un señor no vidente y me quedé helado, pensando qué responder ante la situación.
Había dos señoras más que eran no videntes. Pero como ellas hacían el rol de conducidas dentro del baile no tenían tanto problema. Pero el señor conducía y no bastaba que él supiese el tema de los espacios. Es que no aprendía nada con lo que yo enseñaba, porque yo enseñaba para los que estaban mirando.
VS: Necesitaba otro tipo de indicaciones.
EFS: Claro, y yo no tenía la menor idea. Le expliqué que no me habían preparado para enseñarle a una persona no vidente, que sinceramente no tenía idea de cómo enseñarle. Y le prometí que iba a hacer lo posible. Yo quería ver si alguien sabía cómo se enseña a una persona ciega a bailar tango. Ese mismo día fui a la Escuela Argentina de Ciegos pero no obtuve ninguna ayuda. Publiqué en redes, nadie me respondía nada. Entonces opté por probar con un voluntario, un amigo mío que nunca había bailado tango y que aceptó ayudarme. Durante meses estuvimos a fuerza de prueba y error haciendo una práctica donde él con los ojos vendados respondía a las indicaciones que yo le daba sobre cada figura.
Cuando no tenía idea de qué hacer cuando yo le indicaba algo, cambiábamos y lo decía de otra manera o desde otro lugar. Así fue que le pude enseñar a él en compañía con otras mujeres y con las mujeres no videntes, cómo hacer algunas figuras. Solo algunas porque todas era imposible por falta de tiempo. Este fue uno de tantos aprendizajes que tuve que hacer sobre la marcha, en vista de esas circunstancias tan particulares.
VS: Estabas creando un método de enseñanza para no videntes.
EFS: Intenté crear un método que permitiese que él y las señoras pudiesen comprender lo que yo estaba diciendo, no sé si sirve en general para no videntes.
Con respecto a las otras personas, por ejemplo, a las chicas que tenían síndrome de Down, el grado que tenían era muy diferente al de Lucrecia o Nadia, a las que yo conozco. Entonces, lo único que traté de hacer todo el tiempo es que bailen, que se diviertan, que lo pasen bien.
O las personas que tenían Parkinson, un tema sobre el que yo no estudié, pero sí conversaba mucho con ellas. Me di cuenta de pequeñas cosas que yo no descubrí, sino que ellas me transmitían, y que les podía ayudar. Entonces, en el taller yo le comunicaba al resto de la gente que cuando bailen con ellas debían hacer esto de esta manera o de esta otra, lo que ayudaba a su baile.
En ese taller nacieron también las campañas que hacemos hasta el día de hoy, ya van doce ediciones, que se llaman “Tangos contra el maltrato y abandono de las personas mayores”. Yo ya hacía los tangos contra la homofobia desde antes, y estas otras nacieron no porque yo me propusiera ver qué más podemos hacer, porque no había tiempo de hacer más cosas. Fue porque las personas me contaban todo el tiempo que se sentían solas, que se sentían abandonadas, que sus hijos no entendían que necesitaban más visitas. Me contaban qué sentían en sus casas, que se sentían mal, por cosas que años antes no les afectaban pero ahora eran como una herida. Por ejemplo, personas de 90 años que vivían con sus familias y contaban que escuchaban gritos, o que les gritaban, y para ellas era terrible. Y en la familia ni lo consideraban algo terrible. Esto era recurrente.
Entonces les propuse que hiciéramos algo, porque yo los puedo seguir escuchando y darles una palabra de contención, pero con eso nada va a cambiar, todo sigue igual.
La idea era hacer algo para ver si logramos que la gente cercana piense en el tema. La mayoría estuvo de acuerdo y lo que alcanzamos con esta campaña fue algo que traspasó absolutamente los objetivos que habíamos planteado al principio. Estas personas mayores empezaron a pintar carteles, a crear ropa, empezaron a contarle a las familias lo que iban a hacer, a recibir opiniones de un montón de gente y que luego trasladaban al taller, fue tal el entusiasmo con la gente de la escuela que se sumaba gente de otros talleres. A los docentes de los otros talleres no les gustaba nada todo lo que hacíamos nosotros porque era como que los de tango teníamos una cosa muy dinámica, especial, que resaltaba. Aunque nada estaba preparado para eso, no era un objetivo.
Me acuerdo que cuando propuse esto les conté de los tangos contra la homofobia, que eso es todo un tema aparte porque ellos con sus setenta o noventa años tuvieron que aprender que yo soy homosexual, que soy un activista homosexual, que hago tangos contra la homofobia y los porqués y un montón de cosas más que muchos rechazaban y que fueron comprendiendo y aceptando a través del tiempo.
Recuerdo a Dorita, que en ese momento tenía noventa y cinco años, que dijo: “Pero profesor, con la edad que tenemos, ¿por qué tenemos que seguir luchando? ¿Por qué no nos dedicamos a bailar y listo?” Ahí les expliqué que justamente íbamos a hacer esto bailando. Tratar de mandar un mensaje bailando quizá le llegue a más gente que solo saliendo con carteles.
Y así fue, cuando dijimos hablemos del abandono y salimos con los carteles y fuimos a la estación de Constitución, por ejemplo, a bailar más de cien personas. Y en muchos otros lugares, mucha gente nos escribió después, cuando veían los videos. Mensajes como “los vi y recién en ese momento me puse a pensar si mi mamá no se sentirá sola o cómo se sentirá conviviendo con nosotros”, y ese tipo de reflexiones era lo que buscábamos. Nunca fue a gran escala, porque nunca tuvimos una enorme difusión. Las personas que participaban manifestaban todo el tiempo sentirse plenas, útiles, enriquecidas. Contentas de hacer algo que le iba a servir a muchas otras personas, quizá para el futuro. Entonces se tornó tan importante el mensaje como las personas que producían el mensaje, y por eso lo seguimos haciendo hasta el día de hoy.
VS: ¿Ustedes eligen un lugar en una plaza, en la calle?
EFS: En algunos casos elegimos los lugares y en otros casos nos han invitado, por ejemplo al Festival de tango de Boedo, o el Festival de tango del Ecunhi.
También nos invitaron a la fiesta de fin de año del hogar Balcarce que está en San Telmo, que es uno de los hogares más grandes que tiene el PAMI. Fue medio milagrosa la invitación porque nunca nos quieren invitar a los hogares a que vayamos con este mensaje.
Una psicóloga me explicó que puede haber múltiples factores que hacen que no sea lo mejor ir con este mensaje al hogar, en medio de una fiesta. Y es que está bueno hablarles del abandono a las familias, pero no está bueno ir con el mensaje del abandono al hogar, donde hay mucha gente abandonada. Entonces, acordamos en ir en un plan de diversión y al final dar un mensaje positivo, para transmitirles optimismo y quedaron todos muy contentos.
VS: Este mensaje que está dirigido a los familiares de las personas mayores, ¿cómo se te ocurre que se puede colaborar en lograr esa difusión?
EFS: La mejor colaboración es difundir más los videos que tenemos en YouTube, de los flashmobs que hacemos, algunos son más grandes, otros más pequeños, desde el primero que hicimos en el Ecunhi hasta el que hicimos en Constitución que fue el más grande, creo. O del Festival de tango de Boedo, todos tienen el mismo mensaje, todos tienen la misma dinámica. Que lo vean más personas, compartirlo o mandárselo a otros, eso es un multiplicador.

Cuando estábamos en el taller con la escuela, el canal ACUA Mayor lo transmitió durante dos años. (https://www.youtube.com/@AcuaMayor) Pero para nosotros no era lo ideal, porque en el canal ACUA Mayor el 99% de las personas que lo veían eran las mismas personas mayores. A lo sumo podía ocurrir que alguien le diga a su hijo “mirá esto”, qué sé yo, pero no iba de manera directa a las personas a las que teníamos que llegar. Hay algo que quizás yo mismo podría hacer más, si tuviese el tiempo, que es mandar los videos a lugares, a periodistas que podrían interesarse, y no lo hago jamás. Y con los tangos contra la homofobia tampoco, y no lo hago por falta de tiempo. Porque si tengo que ponerme a hacer eso tengo que dejar otras cosas.
VS: Bueno, esa es justamente mi inquietud, me gustaría colaborar con vos difundiendo todo esto que hacés. Cuando empecé a observar lo que estabas haciendo, pensé, ¡pero esto es impresionante! Me movilizó muchísimo, y por eso te pedí esta charla. Creo que, sobre todo en momentos como el que vivimos, de tanta deshumanización, es muy importante difundir este tipo de trabajos. Puede ser muy reparador saber que hay gente que a pesar de las dificultades y las limitaciones sigue adelante con estos aportes. Ojalá esta entrevista llegue a mucha gente y que encuentre eco y apoyo, lo deseo con mucha fuerza.
EFS: Son espacios pequeños que tenemos y sostenemos, que ayudan a difundir los mensajes. Pero por más poquita gente que sea, siempre aporta. Y también se difunde mucho por las personas que vienen del exterior y pasan cosas, se multiplica. Hace un tiempo publiqué en redes sobre un libro publicado en Inglaterra, que habla también del trabajo que nosotros hacemos.
VS: Sí, el de Ray? (Ray Batchelor, autor de “Queer Tango Politics : or Why I think as I Do”. (A Queer Tango Project Publication)
EFS: Claro, el de Ray, por ejemplo.
VS: Tengo el libro, sí. Maravilloso trabajo.
EFS: Después en Estados Unidos está Melissa Fitch que viene todos los años, ella anda por el mundo dando conferencias y también incluye nuestros trabajos en esas conferencias. Pequeñas difusiones que son multiplicadores.
VS: Se van tejiendo redes.
EFS: Así es. Y también hay gente a la que no le interesa absolutamente otra cosa que no sea bailar, enseñar y no salirse de eso. Por eso me imagino que hay gente que me critica mal por hacer cosas que supuestamente no tienen que ver con el tango, o sostienen que no deberían tener que ver con el tango. Pero bueno…
VS: Para mí tienen todo que ver, comparto tu visión. Justamente el tango, una danza en la que el abrazo es protagonista, qué síntesis más hermosa.
Me comentaste sobre las diferentes problemáticas, desde personas no videntes, con síndrome de Down, etc. También te vi bailando con personas en silla de ruedas, o con muletas, situaciones muy diversas.
EFS: Sí, y también están las personas con discapacidades no visibles. Sobre esto me habló una vez un señor, que me dijo que tenía una discapacidad de la que yo no me daría cuenta. Hasta ese momento nunca me había puesto a pensar en el tema. Él me hizo reflexionar sobre el hecho de que uno debería actuar con más cuidado porque hay personas que pueden vivir situaciones que desconocemos. A partir de ahí empecé a hablar también de las discapacidades no visibles en los espacios donde me dan un lugar, o donde me invitan a un programa de radio, etc.
A veces, una discapacidad no es visible a primera vista, pero hay personas que se sienten rechazadas cuando la gente se da cuenta. Y no bailan más con ellas, o no bailan más que el primer tango.
Viste que el rechazo muchas veces nos surge por desconocimiento, o porque tenemos temores.
Sabés que hice una experiencia con Brenda Holtz, que es una de las chicas que baila en silla de ruedas. Dimos un taller durante siete años con Brenda en la asamblea de Juan B. Justo y Corrientes, que es una entidad de bien público. Esa experiencia, que duró hasta que inició la pandemia, consistía en un pequeño taller donde enseñábamos a la gente cómo bailar con alguien en silla de ruedas.
Muchos venían a una clase, otros se quedaban varias clases. Nunca había más de diez, quince personas en el taller. Algunos decían que en un taller, o en dos o en tres, no iban a aprender a bailar bien con alguien que está en silla de ruedas. Pero yo les explicaba que la idea no es aprender a bailar “bien”. La idea es que si alguna vez ocurre en algún lugar que se presenta la oportunidad, ya no tengamos miedo.
Porque todo el mundo tiene miedo a chocar, a tirar la silla, a agarrar del pie. De lo que trataba el taller era de superar ese miedo. Un día vino un médico de Birmingham al taller, y me dijo que para él fue una experiencia increíble porque jamás había movido una silla de ruedas. Me dijo: “Yo veo pasar sillas en el hospital, pero mi área es otra, mi tema es otro. Yo me voy de este lugar con una base, con solo haber estado dos horas acá haciendo lo que hicimos, esto me va a servir para comentarlo en muchos lugares y oportunidades, y que sirva para que la gente piense de otra manera sobre cómo se puede relacionar con alguien que está en silla de ruedas”. Así que puedo decir que esos siete años con Brenda fueron muy productivos, para ella y para mí también. De ahí sacamos un eslogan que decíamos: “cuando el tango no es solo baile”. Porque ahí vimos que cada clase daba mucho más que lo que era aprender algún pasito de tango.
VS: ¿Ese taller no lo dan más?
EFS: No, hicimos dos o tres encuentros más después de la pandemia. Luego abrimos “Muchaches” los viernes, que era el día que hacíamos el taller en la asamblea. Yo estaba inscrito en PAMI para dar otro taller a personas mayores. Pero no querían abrir el taller, aún un año después, porque eran personas de más riesgo. Entonces me ocupé con otras actividades, y ya no me quedaron días libres para ir a la asamblea. Esto además lo que me generaba económicamente no era casi nada, era otro el tema por el que lo hacíamos.
VS: Sería interesante que por parte de la ciudad, o de alguna organización, también aportaran el espacio o la posibilidad económica de hacer algo así, ¿no? Además de PAMI, alguna otra organización o ente estatal que te pueda dar una mano o que te contrate para estas cosas.
EFS: No, yo ya no tengo tiempo, no sé. Y sin contar que ya no tengo la energía que tenía hace diez años. Ya soy mayor también…
VS: ¿Pensás en formar vos a otras personas en esto que vos sabés, que es un saber muy particular? Que otras personas puedan ser tus asistentes o que continúen este trabajo.
EFS: Sí, eso creo que puede ser una posibilidad. Quizá no solo yo. ¿Vos sabés que hay una milonga que se llama Milonga por la integración “El abrazo verdadero”?
VS: Sí, sí.
EFS: Yo cuando puedo voy, cada tanto me invitan a dar clases, a hacer exhibiciones. Andre y la gente que la ayudan forman parte de las campañas solidarias que hacemos nosotros, siempre están. Lo que hacen en “El abrazo” es algo diferente, ellos plantean una integración donde la mayoría de la gente que está es gente con diversidad funcional. Y quienes van buscan conocer, integrarse, etc. Que exista ese espacio me parece importantísimo. Lo que yo hago con las exhibiciones y con las clases es acompañado de una persona o dos que tienen diversidad funcional, hacer una exhibición o dar una clase para gente que no tiene ningún contacto con estas situaciones.

VS: Contanos un poco más sobre tu experiencia con Reinaldo.
EFS: Nos conocimos justamente en El Abrazo, cuando estaba en La Flor de Barracas hace unos años. Ahí lo conocí, y Andre nos propuso hacer un grupo de inclusión y diversidad para hacer algunas exhibiciones que hicimos en la Universidad de El Salvador, y en otros lugares. Reinaldo se integró al grupo, entonces empezamos con él a practicar pasos de tango y de folclore después.
A partir de ahí empezamos a hacer exhibiciones individuales. Lo que hicimos fue como un taller, durante años. Mi idea en las exhibiciones era hacer las figuras de tango que siempre hacemos, que las pueda hacer Reinaldo. En ambos roles, hacíamos una figura que el otro podía seguir perfectamente. Esa fue la idea de ese taller, que se volvió eterno, porque seguimos hasta hoy investigando en esto. Fue un aprendizaje enorme, para ambos. A mí me encanta el desafío porque creo que puede dar para mucho más todavía, mostrando que lo que yo puedo hacer teniendo ambas piernas también lo puede hacer él teniendo una, en cuanto a las figuras de la danza.
Con Reinaldo, y también con Lucre, tuvimos la oportunidad de estar con el quinteto El cachivache. Ellos nos invitaron a bailar en su milonga, y antes de ir publicaron en sus redes el baile que habíamos hecho con Reinaldo en Los Laureles, y lo vieron más de 3 millones de personas. Imagináte una difusión tan masiva, algo que nosotros no tenemos.
Gracias a ellos, esa difusión fue impresionante. A veces entro a ver los comentarios, que son miles, y me encuentro con cosas del tipo “qué maravilla, lástima que sean dos hombres”. Entonces ese video sirvió transversalmente porque por un lado muestra que se puede bailar teniendo una sola pierna, y también, que pueden bailar tango dos hombres juntos, y eso sirve para abrir un poco algunas cabezas.




VS: Gracias, Edgardo. Por compartir este rato conmigo, y por todo lo que hacés. Volveré a verte en alguna de las varias milongas que organizás.
EFS: Sí, son espacios muy pequeños. Los podemos sostener porque son espacios que lo posibilitan más allá de lo económico, nos abren sus puertas y no nos cobran un alquiler, por ejemplo. Cualquier lugar te exige cobrar entrada y darles un porcentaje, en estos lugares yo puedo no cobrar a quien no puede pagar. Está bueno que existan esos lugares, así podemos hacer esto. En Muchaches, en El Despelote, siempre hacemos clase de tango antes del baile, también en SIGLA, los domingos. ¡Vení cuando quieras!

Las «Campañas Solidarias Tangueras» se vienen realizando con cientos de bailarines, milongueres, profes, cantantes músiques y organizadores desde el año 2012, estas son:
“Tangos contra la Homofobia en el Mundo” desde 2012; “Tangos contra el Maltrato y Abandono de las Personas Mayores” desde 2014, “Tangos por la Identidad” desde 2016; «Tangos contra la Transfobia» desde 2016; “Noches de las Personas Migrantes” desde 2021, “Clases y Exhibiciones con personas con discapacidades, para difundir las potencialidades de las personas con diversidad funcional” desde 2014 (la de las Personas Mayores incluye también Encuentros Solidarios, Visitas a personas enfermas y Visitas a Hogares y Residencias). Gran parte de este trabajo puede verse en el Canal «EdgardoTucu»:
https://www.youtube.com/@EdgardoTucu








