por Vanina Steiner
Fotos: Magdalena Ladrón de Guevara y Nadia Bascopé

El pasado viernes 25 de octubre la Orquesta Típica La Vidú presentó su segundo disco «Remando la historia», a sala llenísima, en el Buenos Ayres Club.

Sorprende más la gran convocatoria que tuvo este concierto, una verdadera «Fiesta Viduciana» (https://www.tintaroja-tango.com.ar/2013/10/fiesta-viduciana/) , si se trata de una orquesta joven y fuera del mainstream como podrían ser otro tipo de espectáculos de tango más convocantes. ¿Qué público se apersonó en esa noche lluviosa? Una numerosa comunidad viduciana, como se bautizó a sus seguidores.

Por el mismo fervor que sienten por esta música y estas letras, es que este público no abandona a sus artistas, llueva, haga frío o calor. Con plata o no. La reman entre todos, y así es como esta generación viene realmente remando la historia.

En otra época, en el ya lejano pasado siglo veinte, el público en algún momento abandonó a sus artistas. Época en la que gente que la vivió, ahora nos cuenta que fue “por culpa del rock” que el tango murió. O que fue culpa de Piazzolla, “que lo destrozó”, etc. Lo cierto es que en aquel entonces, por diversas causas, el público abandonó a sus artistas. Se lo dejó de escuchar y de bailar. Empezaba a haber menos plata para pagar orquestas grandes, para sobrevivir los músicos redujeron sus formaciones y pasaron a formar cuartetos o quintetos, que les permitiera seguir. Estamos viviendo el proceso inverso. Hoy seguimos sin plata, o se la destina a otra cosa, pero los músicos de hoy levantan la bandera para seguir proponiendo: acá estamos, esto hacemos, y es para todos los que quieran seguirnos. Dimos la vuelta entera y desde el rock, el tango volvió para quedarse.

La noche del viernes 25 de octubre la comunidad viduciana lo demostró. Esperamos en la cola para entrar contentos y conmovidos por la numerosa convocatoria. El público no quiere más abandonar a sus artistas.

Y esto es un gran aliento para una orquesta cuyos integrantes rondan una edad promedio de 25 años. El más joven de los violines, Julián Bartolomei, tiene sólo 14. Y los pibes tocan con una soltura que les permite canturrear las letras mientras están tocando. Tan cómodos están, tan adentro sienten lo que están haciendo. Y el público los ovacionó dándoles el calor que se ganaron sobre el escenario.

Templo de cultura

Ya se sabe que la música, como el arte en general, se gesta en lugares poco visibles, reductos que los mismos artistas van construyendo. Este es el caso también del “Buenos Ayres Club”, ex Teatro Arlequines.

Desde mediados de los 80’s el Arlequines albergó al teatro independiente y a toda la movida de rock, heavy metal, punk, luego la movida gótica, y todo tipo de manifestaciones culturales. Tras la tragedia de Cromañón, este lugar como tantos otros se cerró, para reabrirse tiempo después con el nombre “Buenos Ayres Club” y una lavada de cara importante: mesitas y sillas ocuparon parte del lugar que antiguamente fuera pista para el pogo desenfrenado de aquellos años.

Desde hace unos seis años la sala alberga a dos de las milongas más concurridas por los bailarines que gustan de bailar al ritmo de música en vivo, que son la Bendita Milonga y la Maldita Milonga, organizadas por la Orquesta Típica El Afronte  los lunes y miércoles respectivamente. También otras orquestas como la Andariega se instalaron allí con sus milongas y sus clases de baile.

En este mítico lugar, los que tenemos más de 30 vivimos muchísimos conciertos y en los últimos años bailamos largas noches al ritmo de las orquestas en vivo. Por todo esto, la presentación de La Vidú se hizo en un verdadero templo de cultura, el lugar perfecto.

Palabras de Gabriel Bartolomei al público:

«A todos los locos y las locas
para que compartamos nuestras vidas
Para que no creamos que porque tenemos un cachito así tenemos que estar solos.
Aguante los locos y locas».

Remando la historia

La Vidú se formó en 2005. De la mano de su director, Gabriel Bartolomei, la orquesta propone un estilo nuevo y fresco que fusiona sonoridades del tango con el rock, en un repertorio que incluye temas clásicos con arreglos propios de la orquesta como “Ojos negros” (Vicente Greco), composiciones propias de Gabriel Bartolomei, Gabriel Annoni y Leonardo Grasso, así como arreglos de temas clásicos del rock local como “El Blues de la artillería” (Beilinson-Solari) y “Gil trabajador” (Ricardo Iorio)

La Vidú presentó los temas de este segundo disco “Remando la historia” y dió una recorrida también por temas del primero, “La Vidú”, editado en 2009. Un show que fue una verdadera fiesta de música y poesía. La Vidú se lució con invitados de lujo como Ricardo Soulé, una leyenda viviente del rock argentino, fundador de Vox Dei (si no lo conocés o no conocés a Vox Dei, googlealo, y te vas a enterar también de la historia del rock argentino). Otros invitados fueron Gustavo Ginoy en guitarra eléctrica, el grupo de percusión Palenque Percusión Afrolatinoamericana, y Alejandro Simonazzi que recitó textos de su autoría.

El solo de guitarra de Ricardo Soulé acompañado por el fueye de Gabriel Annoni fue uno de los tantos momentos mágicos de la noche, donde no había dudas: el tango y el rock están más juntos que nunca.

 
 
 
 
 
 
 
Recitado de Alejandro Simonazzi
Hay momentos en que sentís que el agua te tapa
Todo se oscurece y el tipo -ese que te dijeron que siempre iba a estar por ahí para darte una mano-, anda ocupado en otras cosas.
Tiempos en que la marea llega al barrio
Con el odio flotando en las calles y los pibes dados vuelta
Y decís:  ¿para qué ?
Si diste la última gota de sangre y en definitiva,
el mundo gira en torno al sueño de Dios y no el tuyo.
Dan ganas de cantar con El Polaco:  Chau, no va mas…!
Es la ley de la vida devenir.  /  Ya gastamos las balas y el fusil.
Pero si hasta en el tango más bajón, el poeta descubre que la vida es
«Empezar a pintar todos los dias /  sobre el paisaje muerto del pasado
y lograr cada vez que necesites  /  nueva musica, nueva, en nuevo piano…»
Estamos para remarla, viejito, venimos remando la historia
Y la remamos aunque no vemos el puerto,
aunque a veces se pierde el rumbo porque, vos viste,
las corrientes son engañosas y el mar es traicionero, como decía mi vieja.
La remamos los que creemos que en el fondo, se ama al mundo, a partir de la certeza que este mundo, triste mundo convertido en campo de concentración, contiene otro mundo posible.
Esa certeza nos permite soñar e intentar la utopía.
Remarla, entre fueyes y violines.
Avanzar con voz firme y las ideas bien puestas
Que aunque parezca que nadie te ve en esta noche oscura, el sol sale
y los sueños de siempre…acá están.

Integrantes

• Gabriel Bartolomei (dirección, arreglos y violín)
• Leonardo Grasso (piano)
• Manuel Machado (guitarra)
• Javier Yoko (bandoneón)
• Gabriel Annoni (bandoneón)
• Gonzalo Rodríguez (bandoneón)
• Adriano De Vita (bandoneón)
• Limay Bartolomei (violín)
• Julián Bartolomei (violín)
• Cristian Araya (violín)
• Lucas Rodríguez (viola)
• Facundo Tudisco (contrabajo)
• Carolina Spasiano (violoncello)
• Facundo Radice (voz)

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