por Carlos Zito

El cuarteto Vidurria  apenas había empezado a tocar este viernes a la noche en un simpático hostel de México 1410, y ya quienes estábamos en la sala sabíamos que íbamos a disfrutar de algo único, un privilegio: oír un ensamble de dos guitarristas (Esteban Jusid y Camilo Córdoba), un bandoneonísta y bajista (Lionel Mórtola), y una clarinetista (Soledad Muriel), impecable cóctel instrumental para paladear tangos, valses y milonga, con ese aroma y ese color que le dan el bordoneo de las cuerdas y el sonido envolvente del clarinete.

Sin anestesia, los musicantes arrancaron con uno de los mejores tangos de Arolas: Comme il faut, haciéndole honor al título. Siguió Inspiración. Del bandoneón de Lionel brotó, tierna, la bella melodía de Peregrino Paulos, que al apagarse en el fuelle recogió Soledad en su clarinete, para levantarla por el aire y jugar con ella como una malabarista.

 Y qué repertorio!: El africano, La Trampera, Bordoneo y 900, De vuelta y media, Milonga de mis amores… Y entre esos clásicos, no desentonó para nada el bonito tema de Esteban Jusid, Evocando al Tigre.

Cuarteto Vidurria

 Los muchachos del cuarteto me van a perdonar, pero voy a dedicarle unas líneas a la perla que ellos mismos nos trajeron de España (de todas formas van a tener que acostumbrarse al brillo de la misma, ya que es inocultable, y seguramente irá in crescendo).

Soledad es de esa raza de músicos que tocan con todas sus ganas, que ponen todo el cuerpo, con la elegancia de una enorme violencia contenida (y aquí pienso en Pauline Nogués, pianista de la Andariega, y en lo explosivo que sería un dúo con Sole). Son intérpretes que, cuando tocan, vibran por dentro como un diapasón, estremecidas por la música que las posee.

Muriel - Cuarteto Vidurria

Soledad sopla con tantas ganas, que se eleva en el aire y queda parada sobre la punta de un solo pie, mientras el otro dibuja círculos en el suelo, como si bailara. Recuerda a la célebre escultura (Lequesne) del joven fauno que toca la flauta y baila sobre uno de sus pies, en el parisino Jardín de Luxemburgo

Así es: Sole baila mientras toca, vibra mientras toca, se estremece mientras toca, pero sobre todo: ¡cóoooomo tooooooca!  Por momentos, su clarinete hace pensar en Paquito D’Rivera, con raptos de Charlie Parker y de Ben Webster, pero con un perfume y un color de tango y milonga que no sabemos donde demonios aprendió este demonio!

 Ya culminaba el espectáculo, y ante la avalancha de aplausos, los de Vidurria accedieron a un primer bis: Milonga de mis amores, donde brillaron las guitarras y el contrabajo, y donde el clarinete desató una brisa que hizo ondular a Soledad en una brillante improvisación.

Pero, el grupo se había guardado lo mejor para el final: una versión de Libertango de Piazzolla donde la clarinetista mostró un talento y una espontaneidad que dejó a la sala enfervorizada.

Cabe decir que Mórtola, Jusid y Soledad Muriel viven en España (de donde ella es nativa) y que están en Argentina sólo por algunos meses. Propongo una colecta para comprarles el pase.

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