por Carlos Zito

Luego del Festival de Tango de Almagro y del Festival de Valentín Alsina, le llegó el turno al Segundo Festival de Tango de La Boca. Este se inauguró el jueves 24 en el teatro Catalinas Sur con una cartelera que incluyó diversos conjuntos e intérpretes: Jaqueline Sigaut, 3-0-3 Tango Fusion, Karina Beorlegui y los primos Gabino, la Orquesta Atípica Catalinas Sur, el Ballet Folklórico Nacional, y la desopilante orquesta Amores Tango, con la voz de Osvaldo Peredo.

Al día siguiente, el programa se puso serio. Efectivamente, el viernes 25 fue un día histórico para el Festival. A una hora insólita para el mundo trasnochador del tango -las 17h30, aparentemente para acomodarse a los horarios de los tres importantes invitados- se presentó en la sede de Malevaje, en la calle Garibaldi esquina Quinquela Martín, el proyecto de la Primera Escuela Popular de Tango de La Boca , institución que habrá de dirigir el músico y compositor Pablo Bernaba. Los padrinos fueron tres «próceres» de la cultura y de la música popular argentina: Leopoldo Federico, sucesor de Pichuco como «bandoneón mayor de Buenos Aires»; el escritor e investigador histórico Osvaldo Bayer, y la imprescriptible, y -por ahora- monocentenaria, Nelly Omar. Todo el barrio se revolucionó con el ir y venir de los remises y taxis que traían a semejantes personalidades, y todo el mundo quería una foto con ellos.

Reunión cumbre: Nelly Omar y Leopoldo Federico el 25 de noviembre en Malevaje

En el acto de presentación, aunque Federico no había venido con su fuelle, era difícil imaginar que el maestro pasara por allí sin desenjaular un tango. Así fue que se calzó el primer bandoneón que encontró -en este caso, el de Pablo Bernaba- y para no irse muy lejos, tomó Caminito… ¡y lo hizo de goma!

Después fue el turno de Nelly Omar, que sin decir agua va, se largó a capella con La Descamisada, en tanto los guitarristas buscaban presurosos sus instrumentos entre las mesas. Cuando los encontraron, «Malena» ya había terminado con la milonga peronista. Como, obviamente, la gente gritaba «¡Otra!  ¡Otra!», la muchacha entonó Sur, barrio donde los escoberos por fin la alcanzaron, con la lengua afuera.

Luego, la gente de Malevaje le entregó a cada uno de los tres egregios invitados un original presente: una reproducción en miniatura del antiguo puente trasbordador sobre el Riachuelo.

El sencillo obsequio emocionó tanto al «Leopooordo», que se le piantó un auténtico lagrimón tanguero.
La velada concluyó con la charla sobre el anarquismo que, modernamente, entre whisky y whisky, propaló Osvaldo Bayer.

El sábado 26 Malevaje se llenó, literalmente, de bote a bote
El Malevaje Arte Club -tal su nombre completo- se halla en una estrecha callecita de La Boca, a dos pasos del Riachuelo y pegado a una vía de ferrocarril que casi no se usa, lugar de acceso difícil para los que no conocen la rivera. Sin embargo, quien observara la asistencia que colmaba las mesas el sábado 26, podía creerse en un local a la moda de Palermo Soho: un público de buena clase media, y hasta algunos visitantes europeos habían llegado hasta allí atraídos por la propuesta del Festival.

 

II Festival de Tango de La Boca

Lucrecia Merico abrió el nutrido programa, acompañada por las guitarras Saavedrinas, que sonaron espléndidas en el gran salón de Malevaje, cuya cabina de sonido funciona… en un bote situado en las alturas. Cantó, entre otros tangos, Muchacho, y  Seguí mi consejo, un viejo tema con música de su tío abuelo, Salvador Merico, y que hizo famoso Gardel. En un momento, Lucrecia se olvidó la letra del tango que estaba cantando, pero salió adelante gracias a su espontaneidad: apeló al público, que lo sabía bien, y terminaron cantando todos juntos. No eran sólo espectadores.

 

Lucrecia Merico
Gabriel Elena

Después vino Gabriela Elena: la concurrencia esperaba una cancionista… o una cantora, y se encontró ¡con una artista! Que con una bella voz y bien plantada en el escenario entonó sus propios temas Parapapá la milonga y No puedo ser un cascabel, emocionante de sinceridad. Luego le entró a algunos tangos cláscos, y por el final apareció la hermosa milonga de Carlos María Seta, La gorda cabaretera. La acompañaron con justeza Juan M. Páez en guitarra y Victoria Tricárico en percusión.

Marisa Vázquez, emoción militante

Una tercera dama ocupó a continuación el escenario de Malevaje: Marisa Vázquez, que emocionó por el sentimiento con que interpretó varios temas, y mostró sus colores cantando i>La Descamisada, como lo hiciera la víspera Nelly Omar en el mismo sitio. Y también levantó nutridos aplausos en ese barrio popular.

 

Lucio Arce, humor e ingenio

Apareció luego una primera voz masculina. Lucio Arce, el «tanguero cheto» de San Isidro, como se presentó a si mismo, que desplegó sus propios temas llenos de humor e ingenio.

La Orquesta Típica Agustín Guerrero: un lujo.

Por último, cuando el público vio que se instalaban en el escenario atriles y sillas en asombrosa cantidad, comprendió que estaban por aparecer los quince miembros de la Orquesta Típica Agustín Guerrero. ¡Un lujo!, exclamó Pablo Bernaba entre los aplausos que brotaron al final del primer tema Resurgimiento. Con un sonido original y el color propio que le da su conformación instrumental, la OTAG, se destaca entre las jóvenes agrupaciones de tango actuales. El público disfrutó entre otros temas, de un bonito arreglo de Whisky, de Astor Piazzolla, y de la Suite Salgán, obra del propio Agustín Guerrero.

Domingo en La Bombonera

Para el cierre del festival, el domingo 27 estaba previsto un gran espectáculo popular al aire libre, en la explanada situada frente al trasbordador de La Boca. Pero la administración Macri dijo NO, y el espectáculo debió mudarse, y reducirse, para entrar en el Teatro del Museo Boquense, bajo las tribunas de la célebre Bombonera.

Violentango

Allí, a partir de las 18, arrancaron con todo los muchachos de Violentango, que Martín Otaño presentó acertadamente como «el más rockero de los grupos de tango». Desenfundaron los instrumentos, se cruzaron una mirada, y en la sala no quedó espectador con el peinado en su lugar.

Eugenia Vidal, angel exterminador.

Pero a continuación los decibeles dejaron paso a la sutileza arenosa de La Santa Milonga. Y el viento trajo un extraño lamento, en la voz de Eugenia Vidal, con Garúa primero, y luego con una versión de Pasional que dejó al público con el tango de Soto y Caldara clavado como un puñal en la carne. Siguiendo con su amorosa masacre de la concurrencia, el ángel exterminador le asestó a traición el pregón de la Milonga en rojo, con una voz que dejó sin voz a más de uno. O sea, que si la ven anotada en algún programa a la Eugenia Vidal, pueden estar seguros que pasarán un muy buen rato en su compañía.

El Quinteto Negro La Boca, el alma del festival.

 Llegó el turno del Quinteto Negro, que jugaba doblemente de local. Nunca en mejor lugar se desplegaron las notas de la milonga Maradoneando, que en el propio estadio que la inspiró. Y para que no quedaran dudas, Pablo Bernaba, director del Quinteto, se presentó luciendo la camiseta azul y oro. Luego, con la tradicional «polenta» del grupo de la rivera, surgieron Un tango para Guevara, El detalle, y por último, Severino,dedicado al anarquista Severino Di Giovanni, con letra de Osvaldo Bayer y música de Bernaba.

Con este nuevo festival porteño parece verificarse que, efectivamente, «el tango vuelve al barrio». Queda por ver si el barrio vuelve al tango.

 

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