Cielos de sangre, vidalas de amor

Hernán Brienza, Alejandro Guyot y Edgardo González.

Acqua Records

por Sebastián Linardi

En un mundo con crisis permanentes que se alternan en uno y otro lado del planeta, es notable como, empedernidamente, subsiste un duro sustrato posmoderno que insiste en “vivir el presente” (en tanto presente individual y atomizado); una sensibilidad no inocente respecto a la supervivencia de determinados modelos económicos-políticos-sociales.

Argentina, fue bastante más posmoderna en las décadas que precedieron a la crisis del 2001 y lo fue bastante menos luego de ella. Motivos no le faltaron. Y es en este contexto que se editó el disco “Cielos de sangre, vidalas de amor” del historiador Hernán Brienza y los “34 Puñaladas” Alejandro Guyot (voz) y Edgardo González (guitarra).

Trayendo a las viejas historias del pasado (todas del siglo XIX), la propuesta de este disco no es la de una visita a la vitrina inerte de un museo, sino la de volver a hilvanar sus resonancias en el presente, “rompiendo la ruptura” posmoderna y volviendo a tejer puentes.

Con un repertorio que alterna glosas con viejas canciones criollas, el proyecto se ubica en la saga de otras obras conceptuales como “El Chacho, vida y muerte de un caudillo” con la voz de Jorge Cafrune, “La Forestal” de Enrique Llopis o “Cantata Montonera” del grupo Huerque Mapu.

Su intencionalidad filosófica ya es develada en las estrofas de “Murmullos” (Patrón – Aguilar) en la que la voz de Guyot, grave y sobria, desgrana “…Murmuyos que traen al alma / la tropa de los recuerdos / pa’ llegar vienen al trote/ pa’ «dirse» siempre son lerdos./Murmuyos, murmuyos son/ que aprietan el corazón”; una verdadera introducción a lo que devendrá: relatos, poesías y canciones de distintos autores (Brienza incluído), en que se irán evocando distintos episodios de la historia nacional, como el fusilamiento de Manuel Dorrego, el período pre-Rosista de separaciones y encarnizadas guerras internas llamado “La Anarquía” o la cacería humana al caudillo riojano, el Chacho Peñaloza.

Es también un acierto la elección de distintas canciones de amor para evocar la lucha entre Unitarios y Federales, todas rescatadas del repertorio de la increíble dupla Blomberg – Maciel, que tanto tuvo que ver en la consagración de Ignacio Corsini como cantor nacional.

También es acertada la elección del poema de Jorge Luis Borges, “Cuitiño”, para hablar del más despiadado de los mazorqueros Rosistas. Elecciones certeras que evitan miradas simplistas, que no implica ser miradas sin intención. Todo lo contrario, como buen pensamiento moderno, no hay aquí culpa por mostrar una posición política.

Cambia el tono del disco la canción “Federación” (Ricardi- Canaro- Caruso) en la voz de Dolores Solá (La Chicana), que descomprime por unos minutos el tono oscuro que la voz de Guyot le da a las historias cantadas. También es notable el rescate de discursos políticos, retomados en la voz de Brienza como narraciones, dándoles una vuelta no solo emotiva, sino también estética: el aguerrido discurso de José Artigas al pueblo Montevideano luego de la cruenta guerra contra los Realistas y el discurso de Cristina Fernández de Kirchner sobre la batalla de la Vuelta de Obligado, donde la entonces Confederación Argentina logró evitar que el río Paraná se convirtiese en una vía fluvial internacional, objetivo de la invasión Unitaria – Francesa – Inglesa allí repelida.

Así, de la mano de distintos ritmos criollos (algunos rescatados del olvido, como los Cielitos), pasado y presente dialogan, hilvanándose mutuamente. Su intención, no solo es cognitiva sino también emotiva: es que, quien escuche estas poesías y canciones, sienta (y no solo comprenda) que, de las viejas luchas colectivas del pasado, hay ecos, cuando no causas y efectos.

Ecos que, día a día, resuenan en un presente vivido y que, tercos, algunos todavía pretenden guacho de linaje. Ecos que, solo por eso, resuenan en estas canciones.

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