Si un disco es como un hijo, “Llegaron”, el último disco del Cuarteto Coviello, se ocupa de jugar ya desde su título y su arte tapa con ese concepto.

Motivos puede haber muchos y todo legítimos. Concepción, crecimiento, “parto” y posterior vida propia de las obras (y en ello, el deseo de que vuelen y hagan su camino). Pero, por sobre todas las cosas, el proceso de reproducción implica también el de “linaje”. El proceso de concebir algo nuevo, a partir de un legado que antecede. Y, en el concepto artístico de este grupo y sobre todo de este disco, ese linaje, la clave que liga lo nuevo con lo viejo, es la milonga.

Como una suerte de latido primordial, subterráneo, la clave de milonga sirve de sustento, no solo a la re visita a clásicos, sino a varias composiciones propias, a la vez todas muy distintas entre sí; es que la apuesta a la creación e indagación son marcas de estilo no negociables por este grupo.
En cuanto al abordaje a clásicos del género, sucede en “Bahía Blanca” (Di Sarli), donde se realza la marca de la milonga de una forma mayor que en las versiones usuales hechas a este verdadero clásico tanguero, alternando segmentos de desprolijidades adrede con increíbles partes intimistas, logrando mostrar una suerte de textura de la obra, diferente a los abordajes usuales, más anclados en la melodía.

También sucede con las creaciones propias, como “Carne”, con letra y música de Julio Coviello, donde la milonga acompaña a la voz de Alejandro Guyot, que desgrana los avatares de un hombre a merced del amor de una mujer (“… Soy carne para el matadero, es una ilusión ser libre…”). O la violenta “Milonga Infernal” (Coviello Guyot) que, cantada a dúo por Guyot y Mariano Mazzei, reflexiona sobre el hombre, con todo el universalismo que permite la épica gauchesca pero, en esta ocasión, uniendo a la ciudad con la inmensidad pampeana.

También hay abordajes al repertorio folclórico, como la impresionante “Huinca Onal”, basada en el repertorio anónimo de la cultura mapuche.

“Llegaron” es un digno título para un buen disco. Y si un hijo implica, en un solo movimiento, ligazón con lo anterior y creación de lo nuevo, más allá de la inherente novedad temporal, no siempre se da el que una obra artística cumpla con estas condiciones. Pero en el caso del título de este disco del Cuarteto Coviello, lo amerita.

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