Por: Sebastián Linardi

“Fargüest”, sería la forma local de transcribir fonéticamente al término inglés que nombra al “lejano oeste”. Un lunfardismo que ubica geográfica y sentimentalmente a Altertango, respecto a una Buenos Aires que, tal vez ya injustamente, todavía se ve como sinónimo del 2×4. Dos guiños sintetizados en el nombre del cuarto disco de un grupo que, desde su Mendoza natal, viene desarrollando una de las propuestas más sólidas e innovadoras del tango de este nuevo siglo.

Formado por Victoria Di Raimondo en voz, Elbi Olalla en piano, Pablo Conalbi en batería, Ezequiel Acosta en bandoneón y Gerardo Lucero en bajo, el grupo viene sorprendiendo desde el año 2000 con su concepto artístico, donde tango y rock se hacen carne en una potente herramienta expresiva. Y si en los discos anteriores, arrebatados en abismos emocionales, convivían los tangos de siempre junto con clásicos del rock nacional y algunas canciones propias, “Fargüest” ya marca el inicio de una nueva etapa.

Es que es el primer disco de la banda integrado únicamente por composiciones propias. La expresividad lograda a través del “volver a hacer” a las viejas canciones del acervo popular (¿o sería mejor decir “reinventar”?), es potenciada ahora por el salto final hacia los abismos de la palabra y música propias. Y el resultado no podía ser más impactante.

Lo demuestran temas como el crudo y potente “Conspiración” (E. Olalla), canción que revela una nueva marca de época para aquello tan caro a cierto gusto tanguero (pero a la vez tan inasible) llamado “mugre”. O la triste “Jardín del Desierto” (Olalla, A. Guyot y Elbi Olalla), donde letra y música se mezclan en una extraña simbiosis de intensidad sonora y nostalgia.

Sorprende también la increíble y despojada “Mañanita” (V. Di Raimondo), con ecos lejanos de alguna zamba perdida que inesperadamente va mutando hacia un áspero intermedio tanguero, acompañando versos como “…Mariposas cansadas, vuelan sobre el abismo, juegan a ser del viento, se pierden en la nada//…”.

La crítica social también tiene lugar en canciones comoCandombe del niño oscurito” (E. Olalla – V. Di Raimondo), de versos tiernos pero a la vez feroces (“…Al niño oscurito, no le dan juguetes, Le dan un revólver, le dan un paquete. // ¡Ay precioso niño! Va a cambiar la suerte, Que el mundo es de todos, no de los que tienen. ¡Ay precioso niño! Maldita tu suerte. Unos tantas cosas, y otros que revienten…”).

Comentario aparte merece la increíble “Milonga del Borde” (V. Di Raimondo), que, cual manifiesto de época, desde una base densa y poderosa adornada con fraseos de un fueye que la gambetea hacia otras latitudes, va desgranando una “borgeana” descripción del ritmo paridor del tango, en tanto guiño de cultura arrabalera de ayer y hoy. Versos tales como “…milonga de los arrabales mezclados con la ciudad, milonga del que no tiene, mas tiempo para esperar, milonga de los olvidados, cansados de rebotar, contra el borde de la nada, siempre al filo, siempre atrás…” nos tiran a la cara una canción con hambre de clásico, pero de esta época.

“Fargüest” es un disco esperado por aquellos seguidores del grupo, que hasta aportaron en su financiamiento colectivo.  Es que las ganas de escuchar lo nuevo del grupo cuyano ya eran muchas. Y si, por un lado, Altertango ya había consolidado en sus discos anteriores su peculiar estilo musical, con este nuevo disco de composiciones propias, tanguerísimas y a la vez distintas, terminan de contestar, sin vacilaciones, a la remanida pregunta sobre qué sería eso llamado tango.
La respuesta, es descarnada. Y es que simplemente, eso ya no importa.

 

* Altertango se estará presentando en Buenos Aires el próximo viernes 30 de mayo en la Sala Siranush (Armenia 1353), 21:30 hs.
 Entradas anticipadas: $100 (por Ticketek). En el teatro, $120.


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