Por Arsenio Medianera

En un gesto de audacia y originalidad, La Vidú presenta esta maravillosa producción. Una nítida manifestación de lo que está ocurriendo hoy con el tango, en el presente. De los 12 temas, 9 están compuestos por miembros de la orquesta. Dos son versiones de temas del rock argentino y uno es de la guardia vieja. La Vidú nunca descuida sus raíces.

Este disco es la síntesis natural de un grupo de muchachos (y una piba) que han crecido escuchando a Los Beatles, Charly, Spinetta, Los Redondos, Hermética, Troilo, Salgán, Gobbi… En julio de este año la orquesta se internó por unos días en los estudios ION. Venían de un año y medio de tocar mucho.  Y se notaba. Entre los ensayos y las tocadas, la orquesta se fue consolidando, puliendo ese sonido característico que, a pesar de los cambios de integrantes, se escuchó con claridad desde su primer álbum (La Vidú, 2009). Se veía y se escuchaba en las presentaciones en vivo que estaban listos para registrar lo que estaba sucediendo. Así entraron al estudio y así se puede escuchar en Remando la Historia.

Todos los temas en este disco están buenos. Algunos, si tuvieran difusión en las radios comerciales, serían los hits del verano. Mi favorito es “La Puerta” (Gabriel Bartolomei), un tango apto milonguero, atravesado por un riff rockero para que poguee la monada. El delirio discepoliano de “Dios” (Gabriel Bartolomei). La tremenda milonga con tambores “Cuarto oscuro” (Leonardo Grasso). El precioso vals “Compañera” (Gabriel Annoni-Gabriel Bartolomei). La definitiva y absoluta versión de “Gil trabajador” (Ricardo Iorio). La vinculación (como diría Guaita) de Facundo Radice como el cantor de la orquesta ha sido un acierto. La orquesta encontró su voz.

El tango de la segunda década del siglo XXI suena como La Vidú.

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